A principios del S. XX se produjo en las costas del Estado Norteamericano de Miami una importante migración poblacional que por primera vez tuvo como causa el turismo. Dicha migración tuvo dos vertientes prácticamente simultáneas: una de inmigración y otra posterior de emigración.
Fue la primera en el mundo producida por esta causa. Con posterioridad habrá otras que repetirán este mismo patrón por todo el globo, dando lugar a efectos muy similares, que serán conocidos como el “Efecto Miami”.
El caso más similar y exagerado en España es el caso de Benidorm y las costas del Mediterráneo.
Sin duda alguna, el primer efecto que parece producir el turismo en la zona afectada, además de un aumento de la actividad económica, es una importante inmigración.
Las características de la inmigración producida por el turismo (a no ser que se tomen medidas políticas muy precisas) son claras y conocidas:
- Inmigración fundamentalmente estacional (avalanchas en determinados meses del año).
- Poco apego a estos lugares, a su cultura y tradiciones, por parte del inmigrante.
- Depredadoras con la Naturaleza y el Entorno.
- Especulativa, (proliferación de negocios de estas características).
- Y, como consecuencia de lo anterior, insostenible en el tiempo.
No tan conocidas son las consecuencias de este tipo de inmigración: Cuando son grandes y muy rápidas (y las causadas por el turismo lo son), se producen una serie de consecuencias que darán lugar al efecto contrario: La Emigración de la que hasta ese momento era la población autóctona de la zona.
A consecuencia del turismo se producen una serie de efectos, entre los cuales destacan:
- Presiones inflacionistas que encarecen la vida ante la nueva y fuerte demanda (Aumento del valor de la Vvda., de los productos en los comercios, del valor del suelo, de los servicios…etc).
- Masificación en los servicios (tanto públicos como privados), siendo ésta mayor en los determinados momento de mayor afluencia turística.
- Cambios en el empleo: los sistemas económicos tradicionales no son suficientemente competitivos, por lo que los habitantes tradicionales de estas zonas deberán o bien cambiar a otro tipo de trabajo relacionado con la nueva actividad económica o bien a emigrar.
- Tensiones culturales.
- Y, como consecuencia general, Empeoramiento en la Calidad de Vida.
Todas estas consecuencias, añadidas al aumento, en muchos casos, de las cuentas corrientes individuales fruto de las ventas de suelo a precios que hasta ahora eran desorbitados, así como cierto complejo de inferioridad por vivir en el medio rural y la creencia de que ir a una gran ciudad es una forma de “prosperar”, producirán este segundo efecto: la emigración de la masa autóctona de la zona.
Ejemplos de ello sin salir del Estado Español, tenemos a lo largo de toda la costa mediterránea, siendo posiblemente el más espectacular el caso de Benidorm en la costa alicantina.
Pueblo de pescadores (hoy no queda ninguno) fue descubierto en los años ’60 como destino turístico. Con una población residente actual de unas 40.000 personas puede llegar a alojar a más de 2,5 MM. de personas (Barcelona ciudad tiene en la actualidad 1,8 MM.).
En él se cumplen la totalidad de las causas y de los efectos descritos con anterioridad, siendo ejemplo de desarrollo totalmente insostenible, con sus playas agotadas, una importante contaminación marítima en su litoral, con problemas de abastecimiento de agua, enormes rascacielos afeando (y de que manera) el atractivo que tuvo; se encuentra ante la disyuntiva de no poder ofrecer servicios de calidad a precios razonables no masificados, con el 100 % de su población dedicada al monocultivo del turismo y una oferta turística sin atractivo. Tan sólo puede competir en precios (y no de calidad), abaratando los paquetes turísticos, bien sea a través de la Tercera Edad en invierno, bien a través de un turismo “barrio-bajero” y masificado, eminentemente inglés en verano.
¿Eso es lo que queremos como modelo de desarrollo futuro en nuestro Pirineo?. ¿O debemos apostar por un turismo de calidad y, por tanto, no masificado?.
Por suerte, en nuestro Pirineo aún estamos a tiempo de no crear Mini-Benidores y poder ofrecer otro tipo de turismo, que ayude a desarrollar económicamente nuestras Comarcas, que produzca poco impacto ambiental para no matar a nuestra “gallina de los huevos de oro”, que no obligue a profundas modificaciones tanto sociales como culturales, sino que éstas sean un valor complementario, como otro atractivo a desarrollar; que apueste por el empleo estable frente al eventual. Que, en definitiva, compagine la economía tradicional con las nuevas posibilidades, el desarrollo con el medio ambiente, la cultura tradicional con las nuevas tecnologías, la arquitectura tradicional popular con las nuevas infraestructuras, pasado y futuro próspero.
En definitiva, estoy hablando de DESARROLLO SOSTENIBLE frente al desarrollismo trasnochado y liberalista de principios del S.XX, que actualmente propugnan nuestros políticos del Gobierno de Aramón, ¡huy!, perdón, del Gobierno de Aragón




Estupendo artículo, que hoy en día se puede aplicar por extensión al proyecto Gran Scala, dentro también del territorio del Altoaragón.
Tal como están las cosas, el aumento del valor de la vivienda y del suelo no se si es considerado como un inconveniente o como una virtud de este modelo de desarrollo. Otra cosa distinta es que, como hemos observado en nuestras comarcas pirenaicas, el desbordamiento de los precios impida que la población “nueva” se asiente en el territorio. Pero para los autóctonos o aborígenes, el aumento del valor de las bordas y huertos es una inyección de riqueza que no les viene nada mal.
La cuestión es que esa inyección es al territorio como la morfina al enfermo terminal: que le calma la agonía pero que no la frena (a veces parece ser que incluso la acelera).
Y aquí radica a mi buen entender el punto moral que a mi me carraspea con Gran Cascala y todo ese rollo: no estamos ante un territorio dinámico, emprendedor, con confianza en el futuro y todo eso (ya nos gustaría). Por contra, a veces me parece que en algunas comarcas la gente tiene más pinta de enterrador que de comadrona. Ya se que estas cosas no son políticamente correctas y levantan muchas malas hostias, pero reconozcamos que, por ejemplo, Aranda, algunas comarcas turolenses y algunas de Huesca no son precisamente un Belén con su nacimiento y sus lucecitas. Más bien es un grupo de gente (escaso) que tiene un nivel de vida no muy bajo por la sencilla razón de que hay transferencias y subvenciones y de que lo que hay se reparte entre pocos.
En esa tesitura, la alternativa real no se si es entre la curación o la muerte o más bien entre que se mueran solas o que las matemos nosotros llenándolas de decorados de cartón piedra.
Buen blog y buen bloguero. Entabán